El fracaso defensa de una epifanía falsa
El fracaso
defensa de una epifanía falsa
Sapientia
[Saber]
Hace seis meses vivo en Ciudad de México, pero mi
relación con el país es más larga. Empezó por el lugar donde hice yoga —que entre
nosotros llamamos “escuela de desarrollo espiritual”— y es donde he vivido
experiencias muy contradictorias para mi camino espiritual. México se volvió fundamental
cuando viajé a Monterrey a participar en un congreso anual que se organiza para
visitar a los maestros.
Sobretodo
la tarea era visitar a uno en particular, El maestro. Pequeño de estatura, mi
maestro, es sonriente, amable, cordial, sencillo, amistoso, curioso,
misterioso, y profundo. Muchas veces me lo he imaginado enfadado, pero con mirada
seria, tranquila, un padre silencioso que me mira desde otro lado, uno más
luminoso que este.
Hace
años, según se explica en sus enseñanzas, el maestro, que es mexicano, hizo una
peregrinación hacia el oriente para conocer a su propio Maestro. La tarea terminó
siendo la confirmación de un proceso que habían empezado mucho antes, la de
establecer “los centros espirituales del mundo” y mover los chakras del oriente
al occidente. Años antes había realizado un viaje transversal a ese donde
empezó en Chile y terminó en Monterrey. En América Latina las principales
ciudades latinoamericanas son los chakras del mundo, y Monterrey el más
importante, el séptimo que conecta a Dios. El viaje fue de sur a norte y luego
de oriente a occidente formando una cruz.
Una de
las cosas que más atesoro del proceso en esa institución es una cruz de malta
en plata que traigo colgada todo el tiempo y que tiene mis iniciales talladas
atrás y en el centro una estrella; está rodeada con el nombre de la institución
en Latín que se marca por incisiones en el metal, y en los extremos de la cruz
dice: Sapientia (Saber), Voluntas (querer), Silentium (Callar) y Ausare (Osar).
Yo no quiero
defender ni criticar al Maestro ni sus historias: no sé aún si son reales o no,
y no me importa. De pronto no quiero saberlo ya que ahora no estoy yendo.
Prefiero quizás no llegar hasta al fondo, y esperar tranquilo tomando acá una
siesta larga, o quien sabe y quiera volver pronto a seguir escuchándolo. Eso no
lo he decidido. En este camino casi llegar es tan bello como estar ahí.
Voluntas
[Querer]
Hoy
defiendo ver lo que no quiero, lo que me fue velado o no entendí.
Me
ha dejado de interesar estar en la cima o mostrarme justo. Renuncio a ser el
líder y guiar un paseo en la
oscuridad.
Deseo
pensar sobre algo y nunca hacerlo realidad. Anotarlo y que se pierda. Recordar
luego con nostalgia la belleza que nunca fue.
Defiendo
sentirme mal y envidiar a los buenos, a los que merecen mi admiración.
Quiero
quedarme afuera, mirando a lo lejos a los que viven sus epifanías mientras me
tomo un té de rosas.
Deseo
interesarme en lo pequeño, lo frágil, lo que parece de cartón o mal hecho y que
el espacio vuelve la sensación de un instante: El aire lo mueve, juega con él, le hace un
mal cruce para perderse de las manos de quien podría recibirlo. Eso que está
siendo visto desde la ventana y quiere estar lejos, fuera del alcance. Alejarse
es lo que más desea.
Quiero
el ocio. Dejar este texto y seguir viviendo otras epifanías, las que vivo lejos
de acá. Luego mostrarles solo lo que le gane a mi corazón la batalla por la
voluntad.
Deseo
toda iluminación. Deseo
todo el fuego pero no obtenerlo.
Silentium
[callar]
Suena de fondo:
Can I call you Rose -
Thee Sacred Souls
Ausare
[Osar]
RUINA
EN CDMX
Desde
hace días siento un temblor
que
bombea a mis manos
como
edificio en grietas
el
estruendo del concreto.
Desde
hace meses cuando el aire caliente
empuja
los gusanos en los andenes
¿hacia
donde?, le preguntas
hasta
el fondo, te contesta.
Desde
hace siglos acá se mueve la tierra
que
siente llamar a quien murió
“el
mareo entre las piernas”.
Desde
que llegué y todo acá tiembla
en
el cielo escribí <<Algo se cae>>
como
traqueteo de ciudad
y
cuando descanso, tiemblo yo
porque
justo antes de que empiece
sé
que aún vivo.
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